El día 9 la ciudadanía dijo un gran NO a la LOMCE. Y el día 10 el gobierno paró lo que parecía ya una ley aprobada. Y este país por ahora se libra de una ley mercantilista, segregadora y clasista. No puedo estar de acuerdo con una ley que subordina la escuela pública a la privada, que incentiva privilegios fiscales a las familias que escolaricen en centros privados, que potencia la segregación por sexo y por “talentos”. Si aún seguís teniendo alguna duda sobre ello os lo explica muy bien “Estudiantes en Movimiento” en el video que encabeza.
El futuro de un país depende de la educación que reciban nuestros hijxs, y eso es lo que necesitamos construir un futuro de las cenizas que están quedando en este presente.
Futuro, país, educación palabras poco banales para que nuestros políticos no le dediquen la atención que deben. Y es que hay cosas “con las que no se juega”. Me gustaría pensar que el aplazamiento de la ley no es otra cosa que una oportunidad al pacto, hay que instar a que se abra el diálogo sobre la educación, como dice Soledad Gallego-Díaz hoy en su artículo de opinión “¿Alguién se pregunta si una ley es justa?”
… Un buen pacto sobre la educación, capaz de mejorar la calidad de la enseñanza, la formación de los profesores y la apreciación social de ese profesorado sería hoy tan importante como lo fueron algunos acuerdos de la Transición. De hecho, el mayor fracaso que puede haber para la generación que hizo aquella transición es el fracaso del pacto educativo. No puede existir una mayor decepción para esa generación, al margen de su raíz ideológica, que comprobar impotente cómo la organización educativa termina por acentuar las desigualdades. Qué mayor fracaso para todos que un joven o una muchacha que, estando capacitado, no continúa sus estudios por falta de recursos familiares y de apoyo social …
Este castigado país se merece ese pacto, ese diálogo que termine por ser una buena inversión de futuro. Seguiremos luchando para ello.









